viernes, 5 de abril de 2013

Las reglas del juego

No han tardado nada en sacar sus hachas aquellos que ven, en la queja elevada por el Barça hacia la Uefa, un "desenmascaramiento" de la verdadera filosofía de club.

De los tres que escribimos aquí el que más simpatía siente hacía el Barça soy yo, de ahí que sienta la necesidad de abarcar este tema desde mi punto de vista: una cosa es la guerra de guerrillas que practican todos los equipos ("nos han perjudicado" y otros muchos eteces) que a veces emborronan todo y otras añaden salsa a las crónicas/opiniones, hasta ahí  de acuerdo. Unos pensarán que el equipo rival habla más de los árbitro que su equipo (es muy lícito pensarlo, seas del equipo que seas), que tal o cual jugador es teatrero -o sucio-, que este árbitro o aquel son malísimos. Todo esto forma parte del engranaje del espectáculo del fútbol.

Otra cosa, y muy diferente, es que un club eleve una queja formal hacia el estamento regulador de la competición. No se parece en nada a salir en rueda de prensa con una lista de agravios o recitando nombres de árbitros como si de la lista de reyes godos se tratase. No es ni medio parecido a lo que expliqué un poquito más arriba.

En esta ocasión (la queja formal) club y organización están condenados a entenderse aunque nunca lleguen a estar de acuerdo (en caso de que la alegación del club se refiera a una apreciación subjetiva y no objetiva). No es el caso: el árbitro se saltó a la torera una de las reglas y el Barça así lo pone en conocimiento a la Uefa. Puede que la Uefa reconozca el error (aunque no se modifique el resultado a posteriori), no es algo muy raro de ver: las apelaciones para retirar tarjetas dentro de la liga están a la orden del dia. Incluso el campeonato de clubes mejor organizado del mundo (la NBA) es capaz de reconocer que hay veces que sus árbitros se equivocan y no por ello se acaba el mundo. Ya veis, en las competiciones serias pasan estas cosas.

Parece ser que a un gran sector de la afición le llama mucho más que el iluminado de turno suelte una teoría conspiranoica y que señale a los infieles con su dedo acusador. Es muy divertido picarse con los colegas defendiendo al equipo que quieres ver ganar, pero pervertir la competición (y todo lo que la rodea) confundiendo reglamento y espectáculo no es el espiritu del fútbol. Al menos yo no lo entiendo así.

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